Comprender los tipos de fuegos es esencial para actuar con rapidez y seguridad ante una emergencia. Cada fuego tiene un origen, comportamiento y método de extinción distinto. En esta guía aprenderás cómo se clasifican según la normativa europea, qué los diferencia y qué tipo de extintor o agente utilizar en cada caso para evitar que un conato se convierta en un incendio mayor.
Los incendios no son todos iguales. La clasificación de los fuegos permite identificar el tipo de material que arde y elegir la técnica más eficaz para controlarlo. Conocer estas diferencias no solo es vital para bomberos o profesionales de seguridad, sino también para empresas, comunidades y particulares. Una buena identificación puede salvar vidas y evitar daños irreparables.
Todo fuego se origina a partir de tres elementos fundamentales: combustible (el material que arde), oxígeno (el que permite la combustión) y calor (la energía que inicia la reacción). Este conjunto se conoce como el triángulo del fuego. Si uno de los tres elementos desaparece, el fuego no puede mantenerse. Por eso, los métodos de extinción se basan en eliminar alguno de ellos, ya sea enfriando, sofocando o retirando el material combustible.
La evolución del conocimiento sobre incendios llevó a incluir un cuarto elemento en el modelo: la reacción en cadena. De ahí surge el tetraedro del fuego, que explica cómo las llamas se alimentan y perpetúan mediante procesos químicos. Romper esa reacción (por ejemplo, con agentes como el CO₂ o los polvos químicos) es clave para detener la combustión de forma eficaz y segura.
La norma UNE-EN 2 es la referencia oficial en Europa para la clasificación de los fuegos. Define las diferentes clases según el tipo de material combustible que interviene en la combustión, facilitando la elección del agente extintor más adecuado. Esta clasificación es la base de la normativa de seguridad contra incendios y se aplica en todos los países de la Unión Europea, incluido España, bajo el marco del RIPCI (Reglamento de Instalaciones de Protección Contra Incendios).
Los fuegos se dividen en clases designadas por letras (A, B, C, D y F), cada una de ellas asociada a un tipo de material combustible y comportamiento del fuego:
Cada tipo de fuego requiere un extintor específico para ser controlado sin riesgo de reavivar las llamas ni provocar una reacción peligrosa.
Aunque la clasificación europea UNE-EN 2 es la más utilizada en España, en América se emplea un sistema similar pero con ligeras variaciones. Por ejemplo, en el estándar estadounidense (NFPA 10), los fuegos eléctricos se identifican como Clase C y los de cocina como Clase K (en lugar de F). Comprender estas diferencias es útil para profesionales y empresas que operan en varios países o trabajan con equipos de origen extranjero.
Elegir el extintor adecuado depende directamente de conocer el tipo de fuego al que puede enfrentarse un espacio. Utilizar un agente erróneo puede ser ineficaz o incluso peligroso: por ejemplo, aplicar agua en un fuego de aceite o en un equipo eléctrico puede agravar la situación. Por eso, cada extintor lleva un etiquetado con los símbolos de las clases de fuego que puede apagar con seguridad. Conocer esta clasificación garantiza una respuesta rápida, eficaz y conforme a normativa ante cualquier emergencia.
Los fuegos de clase A son los más comunes y se originan en materiales sólidos de tipo orgánico. Son fácilmente reconocibles porque dejan brasas o residuos carbonizados al arder. Aparecen tanto en entornos domésticos como industriales, y suelen ser los primeros que se abordan en cualquier formación en seguridad contra incendios.
Este tipo de fuego se produce al arder elementos cotidianos como:
Todos ellos comparten un mismo riesgo: generan brasas y mantienen la combustión por su estructura porosa, que retiene el calor.
Para apagar un fuego de clase A se utilizan agentes refrigerantes que reduzcan la temperatura por debajo del punto de ignición. Los más eficaces son:
Después de extinguirlo, es importante remover los restos para evitar la reignición de brasas.
Los fuegos de clase B se producen en líquidos que arden fácilmente, generando llamas intensas y una rápida propagación. Este tipo de incendio suele presentarse en gasolineras, talleres, cocinas o industrias químicas, donde los vapores inflamables juegan un papel determinante.
Los líquidos inflamables no necesitan brasas para mantener el fuego; basta una chispa o una superficie caliente. Algunos ejemplos son:
El peligro radica en los vapores inflamables que se acumulan y se expanden por el aire. Una simple chispa puede provocar una explosión repentina. Además, estos fuegos suelen generar humo tóxico, dificultando la respiración y la visibilidad. Por ello, es fundamental actuar sin introducir agua, ya que puede dispersar el líquido y agravar la situación.
Para extinguir un fuego de clase B se deben usar agentes que sofocan y aíslan el oxígeno del combustible:
El objetivo siempre es eliminar los vapores combustibles y evitar que el fuego se propague a zonas adyacentes.
Los fuegos de clase C son especialmente peligrosos por su capacidad de explosión y su rápida expansión. Involucran gases combustibles que, al mezclarse con el aire, forman una atmósfera explosiva. Se encuentran con frecuencia en cocinas, laboratorios o instalaciones con gas natural, butano o propano.
Estos incendios suelen comenzar por fugas o escapes de gas cerca de fuentes de calor, chispas eléctricas o llamas abiertas. El riesgo no es solo la llama visible, sino la mezcla invisible de gas y oxígeno. Si la concentración es la adecuada, puede producirse una deflagración o explosión al mínimo contacto con una chispa.
Ante un fuego de clase C, lo primero es interrumpir el suministro de gas si es posible hacerlo sin riesgo. Nunca se debe intentar apagar la llama mientras el gas siga fluyendo. Una vez cortada la fuente, se pueden usar:
Es esencial mantener distancia, ventilar el área y alertar a los servicios de emergencia. La prioridad siempre debe ser evacuar con seguridad antes de intentar la extinción.
El fuego de clase D es menos frecuente, pero extremadamente peligroso. Involucra metales combustibles que, al alcanzar altas temperaturas, reaccionan violentamente con el oxígeno e incluso con el agua. Estos incendios suelen producirse en entornos industriales, donde se manipulan metales ligeros o polvos metálicos finos.
Los fuegos de clase D se encuentran principalmente en sectores industriales y metalúrgicos. Algunas de las industrias con mayor riesgo son:
En estos entornos, incluso una chispa o fricción puede iniciar una reacción térmica capaz de fundir el metal y provocar un incendio difícil de controlar.
Los fuegos de clase D no deben apagarse con agua ni espuma, ya que estos agentes pueden reaccionar violentamente con el metal y generar explosiones. El método más eficaz consiste en utilizar polvo seco metálico (polvo especial tipo D), diseñado para sofocar las llamas por asfixia y absorber el calor. Este polvo crea una capa aislante que impide el contacto entre el oxígeno y el material en combustión, deteniendo la reacción en cadena sin dispersar partículas.
Por su naturaleza, la extinción de fuegos de clase D debe quedar en manos de personal especializado y con el equipo de protección adecuado.
El fuego de clase F está asociado principalmente a aceites y grasas vegetales o animales que se sobrecalientan en cocinas. Es habitual en restaurantes, bares y viviendas, y puede propagarse con enorme rapidez. Lo que lo hace especialmente peligroso es su alta temperatura de ignición y la imposibilidad de apagarlo con agua, ya que esta provoca una violenta proyección de aceite ardiendo.
A diferencia de los fuegos de clase B, los fuegos tipo F implican grasas o aceites a temperaturas muy elevadas. Estos materiales se comportan de forma distinta: el aceite caliente mantiene su temperatura durante más tiempo y puede reiniciar la combustión incluso tras apagarse parcialmente. Por eso, requieren un agente extintor que actúe por saponificación, transformando el aceite en una sustancia jabonosa que corta el oxígeno y enfría la superficie.
Los extintores tipo F utilizan una solución especial de acetato de potasio o agentes similares que, al entrar en contacto con el aceite, crean una capa espumosa y estable.
Esta capa aísla el combustible del aire y al mismo tiempo reduce la temperatura del aceite hasta que deja de ser inflamable.
Son los más recomendados para cocinas industriales y domésticas, ya que actúan de forma rápida, limpia y sin riesgo de reencendido.
Aplicar estas medidas básicas puede evitar accidentes graves y proteger tanto las instalaciones como al personal.
Los fuegos eléctricos surgen por cortocircuitos, sobrecargas o fallos en equipos bajo tensión. Aunque no tienen una clase específica en la norma UNE-EN 2, se consideran una categoría aparte debido a los riesgos de electrocución que presentan. Son comunes en oficinas, viviendas, talleres y entornos donde hay maquinaria o cableado expuesto.
Estos incendios se reconocen por el olor a plástico o cable quemado y, en ocasiones, por humo oscuro que sale de enchufes, cuadros eléctricos o equipos electrónicos. Antes de intervenir, es fundamental desconectar la corriente eléctrica desde el cuadro general si es posible hacerlo sin peligro. Nunca se debe usar agua ni agentes conductores, ya que podrían provocar una descarga o agravar el fuego.
Los agentes más seguros para apagar fuegos eléctricos son:
Después de extinguir el fuego, es aconsejable ventilar bien el área y comprobar el estado de la instalación antes de volver a energizarla. Si el incendio afecta a varios equipos eléctricos o paneles, debe intervenir un técnico autorizado.
Conocer los tipos de fuegos no sirve de mucho si no se elige el extintor adecuado para cada situación. Cada clase de incendio necesita un agente específico que actúe de forma segura y eficaz. Seleccionar correctamente el equipo de extinción evita reacciones peligrosas, mejora la eficacia en los primeros segundos del fuego y garantiza el cumplimiento de la normativa de seguridad contra incendios.
Todos los extintores homologados incluyen una etiqueta informativa que indica para qué clases de fuego son eficaces.
En ella aparecen letras y símbolos que identifican los tipos de materiales que pueden apagarse con ese modelo: A (sólidos), B (líquidos), C (gases), D (metales) y F (aceites de cocina).
Aprender a interpretar correctamente esta información es clave para usar el equipo adecuado en el momento adecuado.
👉 Para que tu equipo funcione al 100 %, consulta cuánto dura un extintor según su tipo y mantenimiento.
En la etiqueta de un extintor encontrarás una combinación de colores y pictogramas que facilitan su identificación rápida. Estos son los más comunes:
Estos símbolos, normalizados por la norma UNE-EN 3, ayudan a reconocer de un vistazo qué tipo de fuego puede combatirse con seguridad con ese extintor.
Para determinar el extintor adecuado, debes considerar el tipo de materiales presentes en el entorno y los riesgos específicos de la actividad.
Algunas recomendaciones básicas son:
Elegir bien el extintor es tan importante como mantenerlo en condiciones óptimas.
Revisar su presión, caducidad y señalización garantiza una respuesta efectiva ante cualquier emergencia.
En definitiva, conocer los tipos de fuegos y el equipo adecuado para cada uno no solo cumple con la normativa, sino que salva vidas y protege bienes.
Con esta guía, habrás comprendido que la prevención, la formación y la elección correcta del extintor son la mejor defensa ante el fuego. Actuar con conocimiento es actuar con seguridad.
👉 Saber el tipo de fuego te ayudará a elegir y usar el extintor correctamente.