Los detectores de humo son dispositivos fundamentales en cualquier sistema de protección contra incendios. Sin embargo, no todos funcionan igual ni son adecuados para cualquier lugar. En esta guía analizamos los principales tipos de detectores de humo, sus tecnologías, ventajas y usos recomendados, para ayudarte a elegir el más eficaz según tu entorno y nivel de riesgo.
Un detector de humo es un dispositivo diseñado para identificar la presencia de partículas suspendidas en el aire generadas por la combustión, activando una señal de alarma ante una posible situación de incendio. Forma parte fundamental de los sistemas de protección contra incendios en viviendas, oficinas, industrias y espacios públicos.
Existen dos tecnologías principales utilizadas en la detección de humo:
Los detectores de humo identifican principalmente:
Algunos sistemas avanzados también analizan la velocidad de acumulación del humo o activan alarmas progresivas según los niveles detectados.
Aunque a menudo se usan como sinónimos, un detector de incendios es un término más amplio que incluye no solo a los detectores de humo, sino también a los detectores térmicos, de llama o de gases. Cada uno responde a señales distintas generadas por el fuego.
📌 Si quieres conocer todos los sistemas de detección disponibles, visita nuestra guía sobre tipos de detectores de incendio.
Existen distintos tipos de detectores de humo clasificados según el principio físico o la tecnología que utilizan para identificar la presencia de partículas en suspensión. Conocer estas diferencias es esencial para elegir el modelo más adecuado en función del entorno y el nivel de riesgo.
Funcionan mediante un haz de luz proyectado dentro de una cámara. Cuando el humo entra, dispersa la luz hacia un fotodiodo que activa la alarma. Son ideales para fuegos de combustión lenta como los que generan papel, tejidos o madera. Además, tienen baja tasa de falsas alarmas, lo que los hace aptos para oficinas y viviendas.
Detectan las partículas invisibles generadas por fuegos rápidos (líquidos inflamables, plásticos). Contienen una pequeña cantidad de material radiactivo que ioniza el aire; cuando entra humo, la conductividad eléctrica se altera y se activa la alarma. Aunque son muy sensibles, su uso está en desuso por motivos normativos y medioambientales.
También conocidos como detectores de barrera, se instalan en pares (emisor y receptor) en paredes opuestas. El humo interrumpe o atenúa el haz de luz, activando la alarma. Son una solución eficaz en naves industriales, almacenes logísticos o grandes superficies, donde sería poco práctico cubrir todo con detectores puntuales.
Estos sistemas aspiran constantemente el aire del entorno a través de una red de tubos y lo analizan en una cámara láser de alta precisión. Pueden detectar partículas invisibles mucho antes de que el humo sea perceptible. Son ideales para entornos críticos como CPDs, salas blancas, museos o laboratorios, donde cada segundo cuenta.
No existe un detector único válido para todas las situaciones. La elección debe hacerse en función de las condiciones del espacio, la actividad que se desarrolla en él y los posibles generadores de humo no relacionados con incendios. A continuación, te mostramos qué tipo de detector se adapta mejor a cada caso.
La opción más recomendable es el detector óptico, ya que ofrece detección fiable en entornos limpios con baja probabilidad de humo ambiental. Además, es menos propenso a falsas alarmas y permite una reacción temprana en zonas con gran tránsito de personas.
En estos entornos es mejor evitar detectores ópticos. Lo ideal son detectores térmicos (termovelocimétricos o de temperatura fija), que reaccionan ante el calor pero no ante el humo inofensivo. En garajes subterráneos también se recomiendan detectores de gases como CO para proteger frente a intoxicaciones.
Aquí se requiere una solución combinada. Los detectores por haz lineal ofrecen cobertura eficaz a gran altura, mientras que los detectores ópticos y térmicos pueden distribuirse en zonas específicas según el riesgo. En entornos con equipos sensibles o atmósferas controladas, los detectores por aspiración son la opción ideal.
Los detectores de humo deben cumplir una serie de requisitos técnicos y legales para garantizar su fiabilidad, eficacia y compatibilidad con el resto de sistemas de protección contra incendios. En España, su instalación está regulada principalmente por el RIPCI y por normas UNE específicas.
El Reglamento de Instalaciones de Protección Contra Incendios (RIPCI)certificados conforme a la serie UNE-EN 54.
Esta normativa establece los ensayos, niveles de sensibilidad, resistencia al ambiente y compatibilidad que deben cumplir los detectores para su uso legal en cualquier tipo de edificio.
El uso de detectores de humo es obligatorio en todos aquellos edificios donde la actividad, ocupación o configuración del espacio impliquen un riesgo medio o alto de incendio. Algunos ejemplos son:
En estos casos, no solo es obligatoria la instalación de detectores, sino también su mantenimiento periódico y conexión con un sistema de alarma homologado.
Los detectores de humo deben estar integrados con el sistema general de seguridad contra incendios. Esto incluye:
En instalaciones protegidas con BIEs (Bocas de Incendio Equipadas), los detectores de humo permiten activar la intervención temprana y controlar el fuego antes de que avance. La combinación entre detección automática y equipos de primera intervención mejora notablemente el tiempo de respuesta.
Una elección incorrecta o una instalación deficiente puede comprometer seriamente la eficacia del sistema de detección. A continuación, destacamos los errores más habituales que deben evitarse en cualquier proyecto de protección contra incendios.
Colocar detectores ópticos o de ionización en espacios donde hay humo frecuente no relacionado con fuego, como cocinas industriales, talleres o garajes, provoca constantes falsas alarmas. En estos casos, es preferible utilizar detectores térmicos o de gases específicos como CO.
Solo se deben instalar detectores certificados conforme a la norma UNE-EN 54. El uso de productos sin homologación pone en riesgo tanto la seguridad como el cumplimiento legal, pudiendo acarrear sanciones o la invalidez del seguro en caso de incendio.
Una mala ubicación puede retrasar la detección o hacerla ineficaz. Los detectores de humo deben instalarse en techos, lejos de paredes, conductos de ventilación o elementos que desvíen el flujo del humo. Además, deben estar accesibles para su mantenimiento.
Complemento útil: Consulta también la normativa sobre altura e instalación de dispositivos de seguridad para evitar errores frecuentes relacionados con la ubicación de equipos.
El mantenimiento de los detectores de humo es esencial para garantizar su funcionamiento continuo y conforme a la normativa. No basta con instalarlos: es obligatorio verificarlos y conservarlos operativos durante toda su vida útil.
Se recomienda realizar revisiones visuales mensuales para comprobar que el detector no presenta daños, obstrucciones o acumulación de polvo. Además, deben realizarse pruebas funcionales periódicas mediante pulsadores o simuladores de humo, en cumplimiento con el RIPCI.
Los detectores de humo tienen una vida útil limitada, que varía entre 8 y 10 años según el fabricante y el entorno. Pasado este tiempo, el sensor pierde sensibilidad y debe ser sustituido, incluso si no ha fallado. Esta información aparece normalmente en la etiqueta del dispositivo.
Todo detector debe formar parte de un sistema de protección contra incendios integrado. Esto incluye conexión con una central de detección, alarmas sonoras y visuales, y en muchos casos, sistemas de evacuación o dispositivos de primera intervención como BIEs. El mantenimiento también debe comprobar que esta integración funciona correctamente.
Elegir el tipo correcto de detector de humo e instalarlo de forma adecuada marca la diferencia entre una detección temprana y una respuesta tardía. Cada segundo ganado es vital para la seguridad de las personas y la protección de los bienes.
Además, mantener el sistema en condiciones óptimas mediante revisiones periódicas y sustitución oportuna asegura que el detector funcione cuando realmente se necesita. Y al integrarlo con alarmas y elementos como extintores manuales o BIEs, se garantiza una respuesta coordinada y eficaz ante cualquier conato de incendio.